Israel: Un estado Judío.-
Mahmud Abbas, presidente de la ANP (Autoridad Nacional Palestina) afirmó que no estaba dispuesto a reconocer al estado de Israel en su calidad de estado judío.- Su negativa estaría ligada al hecho de que el estima que Israel ha de dejar que vuelvan a su territorio aquellos palestinos que en algún momento habrían vivido allí y que abandonaron el país al momento de crearse el estado israelí
Surgen dos preguntas al respecto: a)¿Porqué Israel ha de ser un estado judío?, y b) ¿Es conveniente que los llamados “refugiados palestinos” puedan volver a vivir en territorio israelí?
Para responder la primera pregunta debemos recordar algunos de los aspectos que fueron parte de los fundamentos por los cuales nace el moderno estado de Israel. Hay que retrotraerse a la historia. Los judíos como pueblo, vivían en la zona que a partir del Imperio Romano se denomina “palestina”, desde hace unos 3300 años atrás. En efecto, Israel fue un estado en 1312 A.C., dos milenios antes que surgiera el Islam. Durante todo este tiempo, Jerusalén fue considerada la capital judía, nunca fue capital de ningún país árabe, ni siquiera bajo el régimen jordano y ningún líder árabe la visitó. Jerusalén es mencionada 700 veces en la Biblia y ninguna vez en el Corán. Fue fundada por el Rey David y Mahoma jamás la pisó. Los judíos oran mirando hacia Jerusalén mientras los musulmanes lo hacen mirando a La Meca. Los judíos fueron expulsados de allí por los romanos, el año 73, después de una tercera rebelión de la población judía ante el Imperio Romano. Aún cuando jamás dejó de haber importante presencia judía en esa zona, desde esa fecha en adelante, hubo judíos en todas partes. No volvieron a tener una patria en su calidad de judíos: ni un reino en la antigüedad, ni un país en épocas más recientes, hasta después de la segunda guerra mundial. En 1948, junto al término de la era colonialista, nacen innumerables países en África y Asia, en territorios que previamente habían sido administrados por algunos de los países de Europa. Israel nace como estado independiente en la misma época que decenas de países: Nigeria, Ghana; Argelia, Zambia. En ese tiempo, los judíos residentes en el antiguo territorio de Judea (denominado “Palestina” por los romanos), lucharon por expulsar a los ingleses. Habiéndose retirado los ingleses, las Naciones Unidas aprueban la “partición” de esa ex colonia inglesa, entregándoles a los judíos el territorio donde ellos eran mayoría. El resto del territorio es asignado a los árabes, quienes jamás lucharon por un estado independiente. De hecho, no lo necesitaban dado que existen actualmente 22 países islámicos. A partir de ese momento, 1948, los árabes no aceptan al naciente Estado de Israel y los líderes de 14 países estimulan a los árabes residentes en Israel a abandonar su territorio a fin de luchar junto a sus “hermanos”, para “expulsar por la fuerza a los judíos al mar”. Se calcula que un alto porcentaje de estos, abandonó sus hogares, aun cuando está visto que no lograron sus fines. Entretanto, en los 61 años trascurridos desde su creación, el Israel moderno se ha convertido en una nación próspera, con sólidas instituciones democráticas, amante de la ciencia, la técnica, y la cultura. Los árabes que permanecieron allí son actualmente ciudadanos israelíes con todos sus derechos. Los que se fueron, alentados por la propaganda de sus “hermanos” para hacer desaparecer a ese nuevo país, no fueron acogidos por ninguno de aquellos y abandonados a su suerte, se convierten en “refugiados”. Esa es una apretada síntesis histórica. Pero hay que ir más lejos en el análisis. Los judíos, en tanto “pueblo judío”, no sólo tienen necesariamente en común una religión, sino además todo un ancestro, una cultura, la que de por sí también es muy diversa. De hecho, cada comunidad judía puede ser diferente a otra. Personas pueden “sentirse” identificadas con el judaísmo sin ser necesariamente practicantes de la religión. Toda vez que los judíos se pudieron integrar en las sociedades donde vivían, lo hicieron. A veces, eran rechazados y discriminados y no podían integrarse totalmente. Otras veces, después de estar integrados profundamente a la sociedad, como ocurrió en la Alemania de la mitad del siglo 20, con el surgimiento del nazismo fueron perseguidos y asesinados por el sólo hecho de ser descendientes de judíos. Es conocido que el nazismo investigaba hasta siete generaciones atrás. Algunos de los detenidos ni siquiera sabían que tenían ancestros judíos; los nazis se encargaron de hacérselos ver llevándolos a los campos de exterminio. Las persecuciones a los judíos, por el sólo hecho de serlo, fueron comunes en toda época y en muchos lugares. La Inquisición, los pogromos, el nazismo, todo ello es parte de la historia. El judío podía ser ciudadano alemán pero era perseguido por ser judío. Podía ser ciudadano ruso, pero era perseguido por los zares y sus huestes. Por otro lado, era discriminado socialmente en cuanto a sus derechos como ciudadano, ya que no era totalmente reconocido como tal. En la segunda guerra mundial, ningún país destruyó las líneas férreas de los trenes que iban a los campos de concentración para así disminuir en parte los asesinatos. Ningún país movió un solo dedo durante la masacre nazi al gheto de Varsovia. Jamás el judío, en su calidad de tal, tuvo algún país o reino que los defendiese de las persecuciones o discriminaciones. El siglo 20 encuentra al mundo organizado en países independientes entre sí. La única opción para el pueblo judío de ser defendido ante una eventual persecución en algún lugar del mundo, era tener su propio país. Un país donde ellos mismos fuesen sus propios gobernantes y que por ende los pudiese amparar ante cualquier necesidad. Un país donde no estuviesen en el permanente temor de ser discriminados, perseguidos o exiliados por el hecho de ser judíos. Un país en donde se sintiesen histórica y espiritualmente identificados. Y ese país es Israel. Un país que nace con menos de un millón de habitantes y que actualmente ya tiene casi 8 millones. Ha cumplido como fuente de absorción de quienes, siendo judíos, han necesitado de su amparo. También han sido amparo para exiliados y perseguidos de todo el mundo, aún sin ser judíos. Pero su finalidad básica es el amparo de quienes tienen ancestro judaico. Y por eso mismo debe ser un país gobernado por los judíos, en donde coexistan sin problemas otras minorías que puedan convivir sin ser discriminados. Es lo que sucede en el estado de Israel actual. Se acepta la inmigración judía y se aceptan otros credos; inclusive los musulmanes, aun cuando estos últimos, por razones obvias, han de ser absolutamente seleccionados. Es un país donde el cristianismo, el islamismo y los judíos conviven en paz y pueden ejercer libremente su fe y sus derechos como ciudadanos israelíes. Es un país que ha aceptado ser sede de la religión Bahai. Pero es un país judío, ya que está gobernado por éstos y su principal misión es la de proteger y amparar al pueblo judío además de servir a la humanidad practicando la solidaridad. Eso es lo que, con las limitaciones del caso, ha hecho el estado de Israel estos últimos 61 años de vida. Por eso, para que exista paz en la zona el reconocimiento del estado de Israel en su calidad de judío es fundamental. Respecto de la conveniencia o no de que Israel vuelva a dejar entrar a su territorio a personas que se denominan “refugiados palestinos” de un modo masivo como lo pretenden las autoridades palestinas, la respuesta ha de ser tajante: No. Si la idea es mantener la estabilidad institucional de un estado que ampare a los judíos de la tierra, acerca de los cuales existe una tremenda animadversión y enormes prejuicios en muchas partes, la respuesta debe ser negativa a la inmigración de ex palestinos. Si la idea es darle estabilidad institucional al estado de Israel la respuesta es No a esa inmigración. Y si se desea algún antecedente similar es cuestión de analizar lo sucedido en el Líbano, donde Hesbollá, grupo fundamentalista islámico, se ha trasformado en un estado dentro de un estado y ha sido el promotor de la guerra civil casi permanente entre grupos islámicos opuestos y entre islámicos y cristianos. Israel no puede arriesgarse a algo así, aún cuando tuviese la mejor de las voluntades para aceptar nuevas corrientes inmigratorias. Lo que está sucediendo en Europa, en Francia, en España, en Noruega con la población musulmana es muy preocupante. Estos exigen que el país se adecue a su cultura y religión. Hay zonas de algunas ciudades donde sólo se aplica la sharia (ley islámica), y donde pretenden que no rija la ley del país. En dichas zonas la mujer del país no puede ingresar sin una burka y faldas largas sin correr el peligro de ser apedreada. Eso está sucediendo actualmente. Una cosa es ser tolerante. Pero ser tolerante con los intolerantes recalcitrantes pone en peligro la tolerancia misma. Consecuente con ello ha sido el primer ministro australiano, John Howard, que en noviembre de 2008 le señaló a los musulmanes que si quieren vivir bajo la Sharia islámica que se marchen de Australia; en unos momentos en que el gobierno se encuentra aislando a posibles grupos radicales que podrían en un futuro lanzar ataques terroristas contra el pueblo de esa isla-continente.¿Está claro porqué Israel no puede admitir una inmigración masiva de musulmanes?
Concluyendo, la única opción para la zona es un acuerdo político, en que los árabes acepten el estado judío de Israel y se conforme un estado árabe en los territorios de la Autoridad Palestina actual con la denominación que estos se quieran dar, y gobernado por los árabes. Mientras esta realidad no sea aceptada, mientras los árabes moderados que alientan la paz no sean capaces de imponerse a los extremistas del Islam, la paz en la zona será muy difícil de lograr, sino imposible.

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