“Una verdad a medias es una mentira”
Artículo publicado en el granvalparaíso.cl
Como "comentario" a un artículo acerca de Palestina, publicado previamente
Este artículo responde a lo señalado por Javier Sanchez en su artículo: “Palestina: Una verdad a medias es una mentira”. En lo único que concuerdo con su artículo es en el título, que lo hago mío. Pero el contenido de su artículo esta muy lejos de acercarnos a la “verdad”; en todo caso, esta tiene muchas aristas, y pienso que nadie es “dueño” de la misma. Pero nos podemos tratar de acercar un poco. Por lo tanto, trataré de aportar a una visión diferente, posiblemente más amplia.
El drama palestino y por que no decirlo de casi todo el llamado “mundo árabe”, se puede sintetizar en los siguientes aspectos:
- La existencia de grupos fanáticos religiosos que desean imponer “su verdad” como “la única verdad”, a sangre y fuego. Por eso, no tienen problema alguno en generar guerras civiles al interior de sus países, ni en matar inocentes en actos terroristas en el resto del mundo.
- Estos grupos fanáticos tienen muchísimo poder para “imponer” lo que desean al estar apoyados ideológica y financieramente por gobiernos de países como Siria e Irán, contando con entrenamiento militar y armamento bastante sofisticado. Muchas veces constituyen un estado dentro de un estado, como lo han sido en Líbano y Palestina.
- Paralelamente, Israel, un minúsculo país con menos del 0.07% del territorio que tienen los países árabes e islámicos, es uno de los pocos países de esa zona del mundo, con un gran desarrollo cultural, científico y tecnológico. Es una democracia representativa con instituciones que funcionan, donde conviven pacíficamente todo tipo de religiones y cultos. Ello, en medio de regímenes fascistas, autoritarios y corruptos, dueños de gran parte del petróleo mundial, donde, a pesar de sus riquezas, optan por mantener a sus poblaciones en la miseria, el analfabetismo y la ignorancia.
- Existen decenas de países donde árabes y otras etnias de religión mayoritaria islámica tienen sus hogares nacionales. Existe un solo país donde los judíos tienen un hogar nacional, donde unas 7 millones de personas conviven en un territorio más pequeño que nuestra provincia de Antofagasta- Ese país es Israel. Pero para el integrismo islámico, ese país no merece vivir.
- Otro aspecto del drama para muchos árabes puede ser la envidia. Si, así de simple. No pueden aceptar que Israel, ese diminuto país, haya entregado grandes aportes a la humanidad, durante sus 60 años de existencia en todos los campos del conocimiento. Con varios Premios Nobeles a su favor. Con universidades del mejor nivel mundial. Con un sistema educacional y de salud democrático, socialmente masivo, igualitario y del mejor nivel. Con una de las mayores tasas mundiales de inversión en investigación per cápita. Sin petróleo. Pero con inteligencia, creatividad, solidaridad y deseos de vivir. ¿Qué han aportado los países musulmanes estos últimos 100 años a la humanidad? Desafortunadamente muy poco en lo constructivo y mucho de destrucción y muerte.
- Los palestinos en particular, acumulan un drama aún mayor que el resto de los países árabes. Un aspecto importante, además de la corrupción de muchos de sus dirigentes y de la ambición de poder e intransigencia de grupos violentistas religiosa y políticamente fanáticos como el caso de Hamas, que no han dudado en generar una cruel guerra fraticida, está la falta absoluta de solidaridad de sus “hermanos” árabes. Estos, en lugar de otorgarles refugio, los han relegado a inaceptables campamentos en medio de la pobreza, la suciedad y la ignorancia. Los han usado “políticamente” como carne de cañón contra el “enemigo sionista”, alimentando un odio enfermizo hacia los judíos, como si estos fuesen la causa de sus problemas. Israel ha demostrado con creces que como país anhela la paz. Que está dispuesto a ceder parte del territorio conquistado como respuesta a las seis guerras declaradas en su contra, tal como ya lo hizo en forma totalmente voluntaria en Gaza, como muestra de buena voluntad, y con Egipto y Jordania a fin de firmar un tratado de paz. Israel tiene como misión ética colaborar con la humanidad, tecnológica y científicamente, muy especialmente con las naciones mas desposeídas, como ya lo ha estado haciendo con naciones de Africa. No desea expandirse territorialmente ni seguir ocupando fondos para armamentos. Desea por sobre todas las cosas vivir en paz con sus vecinos. Eso es independiente a los gobiernos que puntualmente ha habido.
- La razón por la cual Israel ha sobrevivido a siete guerras declaradas por sus vecinos es simple: luchan por su sobre vivencia como nación. Si pierden una guerra no pierden territorio: pierden su país. Los que lo atacan en cambio, luchan por un orgullo estúpido, por un fanatismo nacido de una concepción del mundo y de la vida de tipo excluyente y totalitario. La fuerza de Israel es moral. La fuerza de sus enemigos es el odio. Esa es la diferencia. Y es una parte importante de la “verdad”.
- Israel está lejos de ser la causa por la que los pueblos árabes, y otros de diversas etnias y de religión musulmana, se maten mutuamente. Es cuestión de historia. Desde que fallece Mahoma comienzan las luchas fraticidas. Y no terminan hasta hoy. La “yihad”, o guerra santa, que aparece en varios sutras del Corán, es interpretada por los fanáticos integristas como una guerra contra todo aquel que se oponga a convertirse al Islam. Los actos terroristas son inspirados en ese tipo de “ideología”. Es la misma que sostienen gobiernos como el de Irán, que ha jurado “borrar del mapa” a Israel. Y aún tiene un asiento en Naciones Unidas. Y es apoyado por los “izquierdistas” de Europa, los “progresistas”, que en su miopía no son capaces de darse cuenta que apoyan a quienes en el futuro no trepidarán en asesinarlos sin asco. Es más fácil culpabilizar de todo a Israel. Eso no tiene nada que ver con lo que Sanchez llama “verdad”
- Otro drama que forma otra arista de estas “verdades”, es el de los árabes de religión cristiana. Tampoco lo han pasado muy bien al interior de los países árabes gobernados por musulmanes. Por eso, aquellos que residían en Líbano en la anterior guerra civil, están profundamente agradecidos de Israel. Ese fue el único país que intervino para evitar que fuesen masacrados por los fanáticos musulmanes. Muchos de esos árabes cristianos se han trasformado en buenos ciudadanos israelíes. El Talmud de los judíos dice: “Salva una vida y salvarás a la humanidad”. Por eso Israel, como política de estado, por su misma constitución, es un país solidario. Es difícil entender a quienes en Chile descendiendo de árabes cristianos, en lugar de dar su apoyo a la existencia del estado de Israel, y a su coexistencia pacífica con sus vecinos, apoyan a los fanáticos islámicos que sueñan con su destrucción. Supongo que por ignorancia, por prejuicio o por olvido, apoyan a los mismos que fueron quienes persiguieron a sus ancestros, y que al igual que los de Líbano, tuvieron que emigrar buscando mejores horizontes y lugares más seguros para su descendencia.
- Por eso, el artículo de Javier Sánchez no sólo tiene poco que ver con la “verdad”, sino que tampoco apunta hacia la búsqueda de “soluciones” para este tema. Sostener el odio, la no aceptación de una de las partes en conflicto, no es lo más constructivo. Además de ser inhumano. La “verdad” es mucho más compleja que esta pequeña síntesis. Pero sin duda, junto a la verdad, es necesario descubrir qué queremos y hacia donde apuntamos. Pienso que la única “solución” al conflicto de palestina no es la desaparición de nadie, sino la aceptación e integración mutuas. Para los palestinos, lo mejor sería un estado Palestino autónomo, reconocido por todas las naciones, integrado en lo económico y viviendo en armonía con Israel. Eso pasa por una solución política. Y eso significa negociar; aprender a ceder. Pero eso también pasa necesariamente por el control político de aquellos grupos palestinos moderados que realmente anhelan el bienestar para su pueblo. Israel está lejos de ser un país “idílico”, cuyos dirigentes no se equivocan: es un país común y silvestre, con sus defectos y virtudes. Pero pretender que un conflicto se soluciona por la vía de la desaparición del otro, como de hecho lo plantea Javier Sanchez en su artículo, no es “solución”. A lo menos no es la más humanitaria ni la más equilibrada para quienes deseamos un mundo con paz, justicia y prosperidad para todos. Sin excepción. Y muy especialmente un mundo donde exista la diversidad y el respeto por la misma. De ese mundo sin duda sólo quedan excluidos quienes no aceptan la diversidad y desean imponer “su verdad” a los demás a sangre y fuego.

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