Algo para reflexionar: La necesidad de “trascender”
Una de las columnas que escribió el Halcón Maltés en El Mercurio de Valparaíso me hizo reflexionar bastante. Producto de esta reflexión surgió este artículo. En su columna el daba un “vistazo” a los asuntos que pasan en el mundo: el resurgimiento de la intolerancia al interior de Estados Unidos (Ku Klux klan), la perversión enfermiza de la pornografía, la violencia que se desata, y como contraparte… los restos fósiles de una pareja de 5000 años de antigüedad, abrazada y mirándose a los ojos, que nos recuerda que existe el amor. Pero vamos al tema.
Uno de los aspectos más notables de la estupidez humana se manifiesta en el buscar “chivos expiatorios”: en lugar de asumir que como ser humano necesitamos de nuestras experiencias y aprender de esta vida, se prefiere buscar en otros un culpable de todos los males. Nuestra historia pasada y presente es desafortunadamente, altamente prolífica en acontecimientos sangrientos de persecuciones y discriminaciones por diversos motivos. Muchas religiones, que en teoría deberían ser formas de practicar el “amor al prójimo”, en la práctica, apoyándose en ciertas “ideologías dominantes” de sus épocas, han perseguido, torturado, masacrado e incluso quemado vivos, a quienes han estimado “herejes”. Lo mismo, en diversos grados, ha sucedido entre grupos políticos, económicos o geográficos. Las guerras en el mundo son y han sido crueles y sanguinarias. Han tratado de eliminar a los “chivos expiatorios”, a “los que están errados en su religión o en su manera de pensar”, a “los culpables de los males del mundo”, consiguiendo sembrar dolor, angustia y oscurantismo. La época de las Cruzadas y de la Inquisición, en el Cristianismo, la intolerancia y violencia destructiva que practican los sectores más radicales del Islam, desde su nacimiento como religión, tanto entre sus distintas facciones internas como con respecto a quienes no profesan su fe, hasta la actualidad, son muestras de la crueldad humana “en el nombre de Dios”. Las luchas fratricidas en la historia del hombre. Las persecuciones a minorías discriminadas vinculadas a las locuras de turno, culminando con el nazismo. Las dictaduras ejercidas con mano de hierro en tantos lugares de este planeta, del cual nuestro propio país no fue excepción. Todo ello, de una manera u otra, son la muestra evidente de la búsqueda de “chivos expiatorios”, manifestación evidente de la estupidez humana. Son todas manifestaciones de racismo, homofobia, intolerancia, violencia, de quienes se creen dueños de la verdad.
Necesitamos con urgencia aprender que ninguno de nosotros tiene “la verdad”, sino solamente “su verdad” y que además esta es pasajera y que debe ser siempre revisada. Cuando las llamadas “grandes religiones” reconozcan que son uno de los diversos modos de reverenciar lo divino, y que los demás también tienen el derecho de hacerlo a su modo, cuando esas religiones no pretendan imponer sus ideologías, doctrinas y dogmas al resto del mundo y a las sociedades civiles en donde practican su culto, cuando aprendamos a darnos cuenta del valor de la diversidad; de que el que está al frente puede tener algo útil que trasmitirnos, recién allí comenzaremos a vivir como seres humanos un poco más exentos de estupidez.
Lo único que puede hacer que superemos en parte importante nuestra estupidez, es el amor. Pero el amor que va más allá del “amor de pareja”; el amor de la amistad: que no tiene ni sexo ni fronteras. El que es una expresión cálida de empatía con “el otro”. Que comienza reconociendo al “otro” y tratando de aprender de él. Es decir, tratando de “sintonizar” con quien tengo frente de mi, cualquiera sea su color de piel, su religión, su “estado sexual” o sus ideas políticas. Y creo que eso sólo es posible cuando el ser humano tiene un sentido trascendente en su vida. La tragedia del ser humano actual es sin duda su “falta de sentido”. La sociedad consumista del mal llamado “libre mercado” que valora el hedonismo, la falta de solidaridad, que genera una total falta de amor en el ser humano, es la muestra más palpable de la alienación moderna. La mejor muestra de la falta de sentido vital actual en el ser humano es la publicidad. Es cuestión de detenerse a analizar qué “mensajes” transmiten. Es parte de una manera de alienarse, de atontarse, de no querer pensar.
Estudiando Cábala con un grupo de amigos de diferente formación y origen religioso, hemos llegado a la convicción de que lo importante es apuntar hacia la trascendencia; darnos cuenta de que en este mundo vivimos una gran ilusión, y que el esfuerzo de conectarnos con lo que se denomina “lo divino”, es una manera de trascender. Pero esto sólo es posible trascendiendo el “propio yo” reconociendo “lo divino” en “el otro”, reconociendo que es alguien que tiene valor y a quien debo respetar y amar. Es decir que no existe el amor a Dios si no hay amor al prójimo. Mientras cada cual, sean grupos específicos o seres humanos en particular, traten de imponer “a como dé lugar” sus ideas, su religión y sus intolerancias, el mundo irá de mal en peor. Aún cuando me califiquen de “iluso o ingenuo”, yo mantengo la esperanza de aquellos que pensamos y alimentamos la idea del respeto, del aprendizaje permanente, de la apertura a la diversidad, del desenvolvimiento humano, es decir, del amor en su mas amplio sentido. A pesar de todo lo que puedan decir muchas personas, todavía deseo creer en un mundo mejor. Es que si ello no fuese posible: ¿Qué sentido tendría nuestra vida?

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Nathan: ¿podrías explicarme que es para tí la Cábala y como es que a través de su estudio has llegado a la convicción de que es necesario "trascender el propio yo" y que significado le das a eso?
Sebastián | 19-02-2009 - 14:57:02 GMT -4 #
Prueba de comentario
David | 01-03-2009 - 14:26:16 GMT -4 #
Muy bueno el artículo
Pedro | 02-03-2009 - 13:43:41 GMT -4 #