La Muerte de Pinochet: Relativización Valórica y Educación
La Muerte de Pinochet: Relativización Valórica y EducaciónNathan Novik . Ingeniero Comercial.- A propósito de la muerte de Pinochet, me surgen algunas reflexiones vinculadas a nuestro sistema educacional, que desafortunadamente sólo puedo compartir con amigos y con alguna columna periodística, sin que exista ninguna manera conocida para que las autoridades de nuestro país las consideren. No existen los medios de participación ciudadana que nuestra presidenta postuló como forma de gobierno durante su campaña, de modo que continuaré señalando mis inquietudes a través de los medios a mi alcance con la débil esperanza de que puedan llegar a ser considerados en la práctica. Vamos al tema. Una periodista española recordaba en un noticiario televisivo, y a propósito de su última recaída, que todo lo concerniente a Pinochet es como el cuento del lobo: era difícil creerle cualquier cosa. Recordaba su llegada a Chile desde Inglaterra, en una imagen televisiva que recorrió el mundo, donde se burló de todos, (haciéndose primero el "enfermo" por allá, y luego tirando su bastón y levantándose ágilmente de su silla de ruedas al llegar al país). Con sus mentiras y simulaciones, Pinochet sólo confirmaba en su acción, una declaración que yo mismo le escuché en alguna oportunidad a través de la televisión durante su dictadura: "Un militar es ante todo un estratega. Y para eso puede simular, mentir, o lo que sea necesario a fin de lograr el triunfo". Y eso se lo escuché mas o menos textual. Me impactó tanto que lo tengo grabado en mi memoria. Esos son los “antivalores” que la dictadura inculcó a la población. Tal es así, que la derecha política chilena le perdonó todos sus asesinatos y violaciones a los derechos humanos, pero sólo cuando se supo de sus cuentas millonarias en dólares, sin justificación posible, se “alejaron” políticamente de el. Pero esa misma actitud es una demostración palpable de cómo se pierde el sentido de los valores básicos. No les importó que durante el régimen de Pinochet se hubiesen violado los derechos humanos de tanta gente, pero sí el hecho de que haya metido sus manos en platas que no le pertenecían. No digo que esto último no sea grave, pero con los asesinatos, torturas y desapariciones de tanta gente, ¿no era suficiente como para condenar a quien era el responsable directo, a lo menos en lo político, de esas barbaridades?; ¿Había que esperar que se demostrara que además robó para recién allí pensar que ese régimen fue “reprobable”? . Pienso que le hace bien a nuestro país de tan frágil memoria y con valores tan "relativisados" detenerse y reflexionar en este aspecto. Nos tiene que llamar la atención el hecho de que para la derecha política de nuestro país lo importante e imperdonable es sólo que robó... Las torturas, asesinatos y violaciones a los derechos humanos nada les importó. Jamás lo reconocieron y siempre, hasta hoy, salvo contadísimas excepciones, lo siguen justificando. Y esos son los “antivalores” imperantes en Chile que la democracia no ha sido capaz de modificar. En los programas educacionales la dictadura eliminó el antiguo ramo de "educación cívica". Todavía no se repone. La dictadura, a través de las teorías individualistas y libreempresistas a ultranza, inculcó el egoísmo, la indiferencia, la competencia selvática, la relativización valórica. Actualmente no se enseñan valores en la enseñanza básica y media. Mi tesis es que la Concertación ha fracasado totalmente en revertir la cultura "antivalórica" que impuso la dictadura. Actualmente, vinculado a lo que se podría pensar como “enseñanzas valóricas”, existe la enseñanza religiosa no obligatoria en los colegios. Sin embargo este tipo de enseñanza normalmente se ocupa más de inculcar doctrinas y dogmas, quedando en segundo plano lo valórico. Los diversos aspectos vinculados con lo valórico van más allá de las particulares concepciones religiosas que pueda tener cada individuo. De hecho conozco personas agnósticas con valores éticos más asentados que muchos de los que siguen una determinada religión. Michelle Bachelet representa para mi un caso destacable en ese aspecto. Pienso que es indispensable incorporar a nuestro sistema educacional la enseñanza inteligente ( a través de lecturas, videos, juegos, arte, teatralisaciones, acciones participativas del alumno), de valores tales como la solidaridad, la honestidad, la probidad, el respeto al prójimo, el sentido del servicio, el amor por la diversidad, el respeto por el medio ambiente, la claridad básica de "que los fines no justifican los medios cuando éstos rebajan la dignidad humana"... y así sucesivamente. Revisar aspectos de nuestra historia, incluida la más reciente de la dictadura, de modo que sus barbaridades no se vuelvan a repetir. Conocer la visión de nuestros hermanos peruanos y bolivianos acerca de la guerra del pacífico, y así aprender que la historia es diferente según quien la cuenta. Una amiga que estuvo exiliada en la República Democrática Alemana me contó que en las escuelas se enseñaba lo que fue el régimen nazista. Se llevaba a los niños a los antiguos campos de exterminio. “Para que esta vergüenza jamás se vuelva a repetir” les decían a los niños. Trabajaban en el campo de la conciencia ética y valórica del niño. Acá no hacemos nada. Soy de la idea de que la educación chilena es un desastre no sólo porque no aprenden ni matemáticas, ni a leer comprendiendo lo que leen, ni a expresarse, sino fundamentalmente porque no se ha dado un cambio valórico en la sociedad, altamente dañada en ese aspecto por la dictadura. Hay que modificar el programa educacional incorporando de un modo laico, no vinculado a determinada religión, la enseñanza y concientización de nuestros futuros ciudadanos en aquellos valores éticos fundamentales que hacen que los hombres nos desenvolvamos en nuestra calidad espiritual más esencial. Que seamos mejores personas y podamos vivir sabiendo que yo no existo sin el que tengo a mi lado. Ese tipo de valores ayudan a que cada ciudadano descubra además el sentido de su propia existencia. No puedo dejar pasar la oportunidad de referirme muy brevemente a la actuación del sistema judicial chileno tanto durante la dictadura como durante la época de los gobiernos democráticos. Aún cuando este tema da para un análisis bastante más extenso, sólo deseo expresar en éste, mi vergüenza como chileno de que el sistema judicial, a pesar de tantos juicios abiertos en contra de Pinochet, a pesar de tantas evidencias de violaciones a los derechos humanos, incluso a pesar de tanta evidencia de haberse apropiado de millones de dólares en dineros que no le pertenecían, no haya sido capaz de emitir una sola condena. Qué triste y que vergonzoso para nuestro país, que tenga que ser sólo la “condena de la historia” la que quede vigente y que la “justicia humana” no se haya pronunciado en Chile a pesar de tantas evidencias. Qué razón tenían los europeos al decir: “Chile jamás condenará a Pinochet”. Y ese oprobio nacional es una deuda gravísima de nuestra democracia hacia las futuras generaciones. Es un enorme engaño el que nuestro país le hizo al resto del mundo civilizado, al traer a Pinochet a Chile desde Europa, donde lo habrían juzgado por sus crímenes contra la humanidad, con el argumento de que “se tenía que juzgar en Chile” y haber esperado que se muera sin hacerlo. Además de quedarnos con una deuda moral pendiente para con toda la parte civilizada del planeta, nos quedamos con el imperante desafío de tener que modificar en el futuro próximo, de un modo drástico, el régimen judicial imperante en Chile.

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Hola. Soy Pilar Rahola. Solo quería saludarte y enviarte, desde Barcelona, mi cariño, mi felicitación y mi estímulo. Estamos juntos en todas las luchas a favor de la justicia y la libertad.
Mucha suerte en tu andadura internáutica y... en la vida.
Pilar Rahola | 19-12-2006 - 09:43:06 GMT -4 #