Comentarios al libro
“Los mitos fundacionales de la política israelí” de Roger Garaudy
Bases de análisis: Su “Introducción” y su sección II-3 “El mito del Holocausto”
Un amigo me hace llegar este libro de Roger Garaudy, a quien en mi juventud admiré por su lucidez intelectual y su posición progresista. Me dice: “No te va a gustar porque no tiene tu misma posición en el tema del holocausto y de Israel”. La verdad es que no fue por eso que no me gustó. Estoy abierto a leer y a escuchar puntos de vista diferentes al mío. Siempre se aprende. Además las cosas no son “blancas” o “negras”; normalmente tienen tonos “grises”. No me gustó el libro porque no esperaba encontrar un desarrollo tan pobre en sus bases de análisis. Esperaba mucho más de una persona como Garaudy, que aún cuando tenga una edad avanzada, jamás imaginé que haya llegado a defender una postura que, como la del libro de la referencia, no conduce a nada constructivo. Y sobre todo por la pobre metodología que usa.
Se trata de un libro plagado de citas, interpretaciones y afirmaciones de una increíble tendenciosidad. Pero me da la oportunidad de hacer conocer a mis lectores algunos aspectos de cultura general en el tema del medio oriente y del judaísmo y del sionismo en particular, que pienso que les podrá interesar.
Una cosa es que uno no esté de acuerdo con aspectos puntuales de la política israelí. Otra cosa muy diferente es que niegue la validez a la existencia misma del estado. El “sionismo”, es efectivamente el término que se aplica al movimiento político propiciado por Teodoro Herzl, su fundador, (siglo 19), que buscaba la concreción de una patria judía, de un lugar para quienes por ascendencia, por tradición o por religión, se reconozcan judíos. Actualmente se dice “sionista” a aquel que anhela que el estado de Israel se mantenga en el concierto de las naciones del mundo, en una atmósfera de respecto, paz y convivencia con todas las demás naciones.
El hecho de que diversos personajes hayan opinado de una u otra manera, respecto del sionismo, de que el mismo Herzl no tuviese en un principio claridad respecto de la manera como se iría orientando el movimiento sionista, es sólo parte de la historia.
La relación del llamado “holocausto” judío en manos de los nazis con la fuerza que adquiere el sionismo, es evidente. No podemos olvidar que la segunda guerra mundial y el nazismo en particular, surgen en una época en que domina el colonialismo; África y el medio oriente eran, hasta 1945, colonias dependientes de países europeos. Palestina en particular, (nombre que le puso a la región el Imperio Romano), es una colonia inglesa, con poca población, de origen principalmente árabe, tanto musulmana como cristiana y con una componente judía, producto de que jamás lograron los ocupantes colonialistas de turno en esa zona, que desapareciera su presencia. La relación histórica, cultural y religiosa de esa zona geográfica con el pueblo judío es evidente. No constituye ningún “mito”. Está documentado. Aún cuando Garaudy hace toda una disquisición entre “hornos crematorios” y “cámaras de gases”, no consigue llegar a convencer al lector de que “jamás hubo persecución a los judíos de parte de Hitler”. No puede negar los hechos de manera tan burda. Entonces, trata de minimizar ese hecho. Hasta se pregunta ¿Hubo en la guerra un genocidio de los judíos?; y realiza una nueva disquisición. Efectivamente, la “solución final” planteada por Hitler de exterminar a todos los judíos del planeta no le fue posible. Simplemente porque perdió la guerra. Otro esfuerzo de Garaudy de “minimizar” los asesinatos de inocentes por parte de los nazis es el comparar ese acontecimiento con otros crímenes del hombre blanco, como lo fue la trágica historia de los africanos en la época del colonialismo esclavista, o de los indígenas americanos en manos del colonialismo español o del inglés en Norteamérica. El hecho de que para Garaudy, el llamado “holocausto” de los judíos fuese algo “nimio” en comparación con otras matanzas, simplemente lo hacen un hecho “irrelevante” en la historia. Un mito. En otra parte de este capítulo hace creer que mucho de lo que se dice respecto de las matanzas nazis es pura imaginación. Desafortunadamente la desaparición de familias enteras, por el sólo hecho de haber sido judíos, no es un “mito”. No existe judío alguno sobre este planeta que no tenga algún familiar desaparecido o asesinado por las hordas nazis en Europa. Las personas que aún sobreviven con sus brazos marcados a fuego como animales, según Garaudy, también serían un “mito”. Pero no lo son; aún existen. Tienen sus años de edad, pero algunos de ellos aún viven. Es fácil para el Sr. Garaudy afirmar todo lo que dice en su libro buscando citas de ciertos personajes, muchas de ellas fuera de contexto, para afirmar que no hubo “holocausto”. Total, a el no lo persiguieron por ser judío. Ni a su familia. Puede que lo hayan perseguido puntualmente, en su calidad de comunista, porque el nazismo, como sistema totalitario, perseguía violentamente a todos quienes consideraban sus enemigos políticos. Así fue como también cayeron muchos comunistas. Y muchos inocentes, héroes anónimos de esa estúpida guerra. Pero esas persecuciones “puntuales” no eran parte de un “genocidio” ni menos de un “holocausto”. Quizás la muerte de tantos judíos tampoco fue un “genocidio” “técnicamente hablando”. Pero eso no habilita a nadie, ni menos a Garaudy a calificar de “mito” a ese asesinato en masa.
Ahora bien. El término judío, y la calidad de tal, no es algo muy claro ni siquiera dentro de sus mismos pares. Definir lo que es “un judío” no es tan sencillo. Para algunos es judío simplemente el que tiene esa ascendencia. Para otros es judío el que tiene esa religión, en cualquiera de sus formas, dado que esta tiene diversas maneras de manifestarse. Como la religión judía no tiene una “cabeza central”, una especie de Papa que la dirija, cada comunidad judía se orienta al modo que mas le acomoda. En términos generales, se habla de tres grandes tendencias en la actualidad: la ortodoxa, la conservadora y la liberal. Eso en cuanto a religión. A veces se piensa que es judío aquel que “se siente” judío. Algunos, erróneamente a mí entender, hablan de “raza judía”, en circunstancias que existen judíos de las más diversas “razas humanas”: judíos de piel negra, blanca, mulatos, orientales, yemenitas, etc. Suele ser más común hablar de “el pueblo judío”.
Entonces, mal que le pese a Garaudy, nadie se puede arrogar el derecho de “definir de manera absoluta” que es “ser judío”. Por más rabino que sea. Puede hacer todas las citas que desee. Son simples opiniones. Todos podemos opinar y tener un punto de vista. Pero seleccionar sólo los puntos de vista de algunos judíos que en algún momento se han opuesto al sionismo, para poder apoyar un determinado punto de vista, es como mínimo una tendenciosa manipulación. Es lo que Garaudy hace en su libro.
Pero sigamos un poco más: el sionismo, evidentemente nace como un anhelo de tener un “hogar” para los judíos. Sin duda. Se trata de, llamémosle “un pueblo”, que al no tener terruño donde ejercer su autonomía, y al no ser reconocido en todas partes como ciudadano “normal”, está expuesto a discriminaciones, persecuciones y matanzas. Ha sido lo característico durante estos últimos 2000 años de historia. La matanza de judíos de parte de los nazis, (conste que no le puse ni “holocausto” ni “genocidio”), por el sólo hecho de tener esos ancestros, (hurgaban siete generaciones hacia atrás), evidentemente que “activa” la idea y el postulado sionista. Eso es absolutamente obvio. Se dice que el “holocausto”, o las matanzas de judíos por parte de los nazis, (para dejar a Garaudy satisfecho), se usa “políticamente”. Bueno, todos los hechos de la historia pueden tener mayor o menor fuerza en la política. Y este sin duda lo tuvo. No tengo duda alguna que en el nacimiento de países independientes en las ex colonias africanas, influyó fuertemente una manera de “compensar” las barbaridades cometidas por los blancos colonialistas en contra de esos pueblos. Que duda habría. El que los más recientes acontecimientos respecto del pueblo judío, al momento de nacer el estado israelí, hayan ayudado a buscarle una solución por la vía de reconocer dicho estado, es sin duda evidente. La suma de sus expulsiones desde tantos lugares, de las persecuciones religiosas, de las discriminaciones, de los pogromos en Europa, y para culminar, de las matanzas nazis, sin duda ayudó a la creación del Estado de Israel. Y se crea al mismo tiempo en que se van creando otros estados independientes, productos del final de la era del colonialismo. ¿Porqué iba a ser menos válido un país como Israel que otros como Ghana, Zambia, Mozambique y tantos más que se van creando en esa misma época? Cuando se crea el estado de Israel, la comisión de Naciones Unidas que aconseja la partición entre un estado judío y otro árabe (Cisjordania), se basa fundamentalmente en la población existente. Era necesaria la creación de un país que, respetando la mayoría judía poblacional, se constituyera como estado soberano. Garaudy ni siquiera menciona que Israel es actualmente el único país realmente democrático de Medio Oriente, donde las minorías árabes tienen representación en el Parlamento. Tampoco menciona los logros, innumerables, que como país ha logrado en los planos científicos, artísticos, técnicos y culturales. Sin duda que Israel no sólo tiene el mismo derecho que el resto de los estados sobre esta tierra para ser un estado soberano, sino que hace tiempo que se lo ha ganado.
Por supuesto que los gobiernos de Israel han cometido errores. Seguro que ha habido situaciones injustas respecto de la población palestina que nadie de sano juicio y corazón bien puesto puede aceptar. Pero, a diferencia de la mayor parte de sus vecinos árabes, constituyen hechos puntuales y fortuitos y no una política de estado. En Israel no existe un “Hamas” o un “Hesbollá” que haya formado parte de alguno de sus gobiernos y que desee “aniquilar palestinos” o “hacer desaparecer naciones”, como es el caso del esos grupos que forman parte del actual gobierno de los territorios autónomos palestinos, del débil gobierno libanés, y del fundamentalista Irán, para no seguir mencionando a otros. Esos grupos tienen como “objetivo básico”, no el bienestar de sus pueblos, que ni les interesan, sino sólo lograr que Israel desaparezca. Y eso no es un mito. Es cuestión de leer las declaraciones de sus líderes. Por supuesto que, tal como los cita Garaudy en su libro, existen personajes, también judíos, fundamentalistas, que desean que Israel se expanda y que abarque los antiguos reinos de la época bíblica; los hay también aquellos que con fruición cita Garaudy, que estiman que la existencia del estado de Israel es contraria al judaísmo. Hay de todo, como es normal en un pueblo, como el judío, que desde siempre aceptó una manera democrática de ser y decidió según sus mayorías, tomando en cuenta a sus minorías. Eso sucede y ha sucedido en todas las comunidades judías; es parte de la cultura del respecto de lo que piensa o interpreta cada cual, que se ha practicado por miles de años como parte de su tradición. Lo importante es que las minorías fundamentalistas judías jamás han tenido una seria influencia política en Israel. Y cuando alguno de ellos ha cometido algún crimen o falta, han sido juzgados y condenados por la justicia del país.
Algunos, como Garaudy, usan la pluma alimentando su deseo de que Israel desaparezca. Otros pretenden usar la amenaza y la violencia con esa misma intensión.
En la introducción de su libro, Garaudy trata de demostrar que el sionismo es “nacionalista” y que ese nacionalismo se opone al judaísmo. En la pagina 7 afirma, haciendo suya una cita de un rabino Hirsh: “El sionismo quiere definir al pueblo judío como una entidad nacional… Es una herejía”.- Esta afirmación refleja una gran ignorancia o bien una notable mala fe; el sionismo jamás pretende “definir al pueblo judío como una entidad nacional”; el sionismo no se ocupa de “definir” el judaísmo. Sólo se ocupa de buscar una patria, un estado, donde tengan cabida los judíos del mundo. Jamás ha pretendido el sionismo que “todos los judíos se vayan a Israel”; hay judíos en muchos lados; en todas partes son minorías, salvo en Israel. Entonces, en la práctica, ese estado soberano, se trasforma en una especie de “seguro de vida” para los judíos de todas partes. El mundo ya no es el mismo ahora en que existe el estado israelí. Los coterráneos franceses de Garaudy, donde existe un fuerte antisemitismo, ya no podrían llevar a los judíos como ovejas hacia su exterminio en los hornos crematorios (o “cámaras de gases”), para darle el gusto en esa terminología a Garaudy. A lo menos no les sería tan fácil. Habrá un país en el planeta que alguna acción tomaría. Y ese país será Israel. En Yemen, en la década del 80, cerca de un millón de judíos son salvados de una muerte segura y pueden emigrar a Israel. Si no hubiese existido ¿qué hubiese pasado?
Respecto del nacionalismo. En Israel hay nacionalistas orgullosos de ser israelíes así como muchos chilenos nos sentimos orgullosos de serlo. Y eso no niega que a su vez seamos críticos de muchos aspectos de nuestra cultura que debemos mejorar. Algo similar ocurre con los israelíes: es un país como cualquier otro, con sus defectos y sus virtudes. El que haya una mayoría de ciudadanos judíos no lo hace muy diferente al resto. Y sus gobiernos tienen, al igual que tantos de otros lados, sus defectos y sus méritos.
Garaudy pretende demostrar, a través de determinadas citas, que existiría una oposición básica entre judaísmo y el estado israelí. Dice a la letra: “ … Afirmamos que el objetivo del judaísmo no es político ni nacional, sino espiritual…” citando a un determinado rabino. Volvemos a lo fundamental: el estado de Israel no se crea “porque sea un objetivo del pueblo judío”, sino simplemente para que este pueda tener un hogar donde llegar, si así lo desea de modo voluntario, o como un asilo, producto de las tantas persecuciones a que ha sido objeto. El aspecto espiritual del judaísmo es algo evidente. Es una de las tantas religiones existentes en este planeta. Pero para ser un judío no necesariamente ha de ser “practicante” de dicha religión. Como le consta a Garaudy, existen muchísimos judíos agnósticos, muchos de los cuales tuvieron un importante papel en muchos de los movimientos sociales. Algunos pertenecieron al Partido Comunista, del cual Garaudy fue dirigente en Francia. Jamás dejaron de ser judíos. Menos para un Hitler.
Entonces el asunto no es hablar de “mitos”, sino de aceptar las realidades. El mundo actual, aunque globalizado, aún está dividido entre países. Cada país tiene algún grado de autonomía. Mientras eso sea así, Israel será uno de los tantos países existentes. ¿Qué tiene de particular?. Simplemente que es el único país del planeta cuya mayoría poblacional es judía. Hay innumerables países de ascendencia o religión cristiana y musulmana. En países del Asia oriental están el Confucianismo, el hinduismo, el budismo y muchas religiones derivadas. En los países africanos suelen imperar las diferentes religiones animistas. Todas válidas y respetables. Los judíos tienen una sola nación donde son mayoría. Los judíos son uno de los pocos pueblos que por el sólo hecho de tener ese origen han sido perseguidos en estos últimos 2000 años. Espero que Garaudy no vaya a afirmar que esto es otro “mito”. Ahora, al igual que los demás pueblos, tienen a lo menos un país donde son mayoría. Y como pueblo además, son ciudadanos de muchos otros países. Hay judíos chilenos, argentinos, franceses. Y son buenos ciudadanos y malos ciudadanos. Simplemente como cualquier ser humano de este planeta. Ni mejor ni peor. Por lo señalado, Hitler, como quizás le habría gustado a Garaudy, no consiguió su “solución final” ya que no pudo eliminar a los judíos del planeta.
¿Qué es lo que sería mas adecuado y constructivo para el Sr-Garaudy, especialmente tratándose de una persona de bastante edad?: Que escriba acerca del modo cómo lograr que los habitantes de este planeta aprendamos a convivir en paz, en lugar de buscar “mitos” que le quiten validez a la existencia de algunos, exacerbando el odio de los otros. Así no se llega a ningún lado, salvo a colaborar con aquellos que viven negándose a la diversidad, lo que en la practica implica amparar la violencia.
Sólo para compensar lo que hace Garaudy en su libro, cito a Adolfo García Ortega, un distinguido periodista español, escritor y traductor, en uno de sus escritos señala que “Israel ha sido atacado y chantajeado. Por desgracia no es nuevo: lleva años obligado a defenderse… a justificar su existencia legítima y legitimada. Lleva años hostigado, y por ello obligado a ejecutar políticas duras, a veces durísimas, porque lo contrario, el diálogo y el trato igualitario con los palestinos, sus representantes y el mundo árabe en general, incluido Irán… se ha demostrado inviable. Es absolutamente cierto que una política no-defensiva por parte israelí habría equivalido a su desaparición como Estado. Mas en todo caso, sólo Israel ha sido capaz de hacer concesiones y de dar pasos unilaterales hacia la solución, como la salida de Gaza, por ejemplo. En la corta historia de Israel… esos pasos de diálogo con los palestinos sólo han servido para el engaño, el victimismo, el incremento del acoso y la hipocresía política por parte árabe. Los palestinos y los árabes en general, desde la fundación de Israel, han tomado el relevo, y no sólo metafórico, del aparentemente periclitado nazismo alemán y centroeuropeo. Esta herencia es la base de todo el conflicto actual”.
La idea entonces, no es dar tantos argumentos “a favor de una de las partes en conflicto”, o meterse a “descalificar el sionismo”, o tratar de señalar que ciertos hechos históricos evidentes serían mitos, como lo hace Garaudy en su libro, sino ver como podemos colaborar para que surja un mundo mejor. Y eso sólo sucede aceptándonos y respetándonos, y dándoles a cada cual su lugar en el mundo, su derecho a existir.