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Articulos de NNovik
Se entregan artículos de opinión de temas relacionados con economía y administración, política nacional e internacional, y otros de interés.

Archivo: Junio 2009

24/06/2009 GMT -4

Europa, Israel y los musulmanes.-

nnovik @ 11:25

Es preocupante lo que sucede en Europa respecto de su población musulmana.

En un interesante artículo de Gabriel Ben-Tasgal, con un importante respaldo bibliográfico, señala algunos hechos que respaldan esta preocupación:

La población musulmana de Europa es el 4.5% del total del viejo continente.

En la actualidad, se calcula que la tasa de natalidad entre los musulmanes es tres veces mayor que las familias tipos de Europa occidental. Más aún, la tasa de natalidad en algunos países del viejo continente llega a ser, a veces, negativa. Un buen ejemplo lo registramos en Gran Bretaña, donde entre el año 2004 al 2008, la tasa de natalidad entre las familias musulmanas llegó a ser diez veces mayor que la de los no musulmanes. Durante esos años, la población antigua bajó en dos millones de habitantes. Desde el punto numérico, los porcentajes de musulmanes en algunas ciudades europeas son simplemente impresionantes. En Ámsterdam los musulmanes son 180.000 (un 24% de la ciudad), en Bradford 75.000 (16%), Birmingham 143.000 (14.3%), Bruselas 160.000 (17%), Ile de France 1.7 millones (10-15%), Londres 625.000 (8.5%), Marsella 350.000 (20%), Rotterdam 80.000 (13%) y en Viena 120.000 (8%).

Los analistas concuerdan en que el patrón de conducta dominante y mayoritaria muestra que las comunidades musulmanes en Europa no se han asimilado a la mayoría y siguen dirigiendo sus vidas de acuerdo a las reglas internas de su sector y a las directrices de sus líderes. Valga esta comparación: en el mundo judío se rige bajo la premisa de Shmuel “Dina de-Maljuta dina”, o sea, “la ley del lugar en donde vives es tu ley y la debes respetar”. Una premisa muy importante que sirve para explicar la integración veloz y constante de los judíos en las sociedades del mundo. Al contrario de lo que el vulgo suele creer. Entre los musulmanes, la definición personal pasa por su “religión” en vez de por la nueva “nacionalidad” adquirida siendo que para muchos, la premisa es llegar a Europa para seguir siendo musulmanes.

Hay quienes argumentan, no sin razones, que la falta de integración de los musulmanes se debe a una decisión filosófica, ideológica y hasta estratégica. Para otros, que también cuentan con no pocas pruebas que confirman sus argumentos, la explicación para esta falta de integración reside en la xenofobia de la mayoría que no se esfuerza por comprender e integrar a la minoría islámica. El “Instituto Pew” encontró, en su estudio del año 2006, que los musulmanes creían que los europeos eran egoístas, soberbios y violentos y en cambio, los europeos pensaban que los musulmanes eran “fanáticos, violentos y poco abiertos”. Los europeos originarios y los musulmanes pensaban que las relaciones entre ellos eran “malas”. En Alemania, los que pensaban así eran el 70% de los encuestados mientras que en Francia eran un 66%. La integración… evidentemente no ha tenido mucho éxito.

Otros estudios muestran que incluso en la tercera generación de inmigrantes se mantiene el uso cotidiano de la lengua extranjera, que muchas comunidades musulmanas viven en zonas periféricas, con un promedio de presos en las cárceles mucho mayor a los porcentajes en la sociedad, con una situación laboral inestable, trabajos mal pagos o desempleo. Desde el punto de vista socioeconómico tampoco se puede de hablar de una integración exitosa aunque, evidentemente, se debe analizar país o ciudad por ciudad.

El tema que nos preocupa se relaciona al hecho de que importantes sectores del islamismo son de pensamiento violentamente proselitista. De allí se nutre el extremismo. Esa falta de integración, alimenta sin duda la xenofobia de muchos europeos, generándose un “circulo vicioso”, dado que por esa misma situación se alimenta el sentimiento de frustración entre los musulmanes. ¿Cuál es la salida a esta situación?     

Acabo de visitar Israel y tuve el agrado de tener contacto con su población, viajando en buses y trenes y conversando en inglés y/o castellano con muchísimas personas. Israel es un país donde se mezcla gente proveniente de todas partes del globo terrestre. Es una experiencia fascinante. Árabes yemenitas, marroquíes, etíopes, rusos, sudamericanos, todos sin excepción alguna, se identificaban como israelíes y manifestaban su satisfacción respecto de su país. Críticas había muchas; pero todos sin excepción, amaban y se sentían parte del país. Ninguno de ellos, muchos  musulmanes y cristianos, fueron conminados a abandonar su religión. Por el contrario. En Israel existe libertad de cultos y no existe prohibición por usar símbolos de las diversas religiones, como sería el pañuelo (en mujeres musulmanas y judías religiosas), o la kipá (gorro pequeño) en los varones. Obviamente, por razones de seguridad, la inmigración de personas de origen musulmán está muy controlada. Pero al interior del país no existe discriminación, y se ha logrado una interesante integración a la nación israelí. Todas las “primeras migraciones” han continuado practicando  sus culturas e idiomas de origen. Eso lo asume el estado. Sin embargo, ya la segunda generación se va integrando fuertemente a la “sociedad nacional”. ¿Cómo se logra esto? Simplemente a través de una política educacional muy precisa: el idioma hebreo es el “aglutinante” nacional; la educación primaria y secundaria en Israel es estatal, laica y obligatoria. Pueden existir escuelas privadas, pero se deben financiar por sí mismas; además, deben cumplir con el programa nacional de estudios. Paralelamente, el servicio militar es obligatorio por tres años; se transforma en otra herramienta de integración social. Además de capacitar al joven ciudadano en la defensa de su país, dadas las condiciones de amenaza permanente por parte de sus vecinos, les otorga educación cívica junto a conocimientos técnicos de acuerdo a la aptitud de cada cual, integrándolos al país y preparándolos para acceder a estudios superiores.  He sido testigo cómo, en matrimonios de chilenos y argentinos, sus hijos, israelíes, sólo hablaban algo del castellano de sus padres, aún cuando lo entendían. Posiblemente sus hijos, es decir los nietos de esos matrimonios no seguirán hablando el castellano. Sin embargo el hebreo es común a todos ellos.

            La integración nacional de grupos humanos tan diferentes, principalmente a través del idioma hebreo, genera además una cultura israelí que en la práctica es una mezcla de muchas culturas que se van combinando e integrando entre sí. Ello se aprecia en las comidas, en la música y el folklore, en la manera de expresarse, en el arte y la literatura, y en tantas otras expresiones del ser humano. Los entendidos me decían que  hasta los diversos acentos con que hablan el hebreo son parte del fenómeno social que se observa en ese increíble país.

            Me pregunto si los europeos, especialmente los pseudoizquierdistas que tanto atacan a Israel, en lugar de seguir negándose a aceptarlo, no estarían dispuestos a aprender un poco de tan notable experiencia. ¿No será que si los europeos se decidieran por generar un sistema de educación obligatoria similar al israelí, pudiesen lograr modificar la actitud de no integración a la sociedad en que viven por parte de los habitantes islámicos?  La idea no es “combatir” al islamismo, sino integrarlo a una sociedad pluralista y plenamente identificable, donde la diversidad de todo tipo no sólo sea aceptada sino además estimulada. Es lo que ha sucedido en Israel. Y parece que muy pocos lo saben.

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