La Crisis económica: el paradigma del crecimiento permanente; algunas reflexiones, preguntas y sueños.
Cuando uno analiza la situación social, política y económica del mundo actual, en que a pesar de todo el avance tecnológico, científico y cultural, enormes masas de la población mundial sufren de miseria e ignorancia, se llega a la conclusión de que algo simplemente no funciona. Existe globalidad en las comunicaciones, acceso a la información, pero al mismo tiempo, cada país vive como si fuese indiferente a la desgracia ajena. Especialmente los del llamado “primer mundo”. Es algo similar a lo que sucede con cada uno de nosotros: evitamos informarnos, aún cuando la información está, y si lo hacemos, generamos una indiferencia respecto de lo que vamos conociendo. Una especie de egoísmo globalizado nos está caracterizando. Los países del primer mundo no trepidan en seguir consumiendo la mayor parte de los recursos del planeta, llevando una vida de consumismo ostentoso, mientras en África, Asia, América Latina, vastos sectores están en la miseria o en la pobreza extrema. Esos países, son los principales responsables del calentamiento planetario, y sin duda, de las calamidades que ofrece la llamada “economía mundial”.
Pareciera que la “lucha por subsistir en el mundo actual está relacionada con la manera como está organizada la economía mundial, lo que a su vez deriva en la necesidad de subsistir y luchar de cada país, de cada región, de cada persona. Esto implica la lucha por subsistir de las empresas, e incluso de organizaciones de todo tipo. La economía mundial está ligada al concepto de que todos luchan para subsistir en una especie de “selva mundial” cuyas consecuencias hacen que el planeta también, en términos globales, luche por subsistir. Todo se trasforma en “lucha por la vida”.Como complemento referencial a esta tesis, en la teoría económica ampliamente aceptada por casi todos los académicos y economistas, se sostiene el paradigma de que un país se desarrolla si económicamente “crece permanentemente”; es decir, el desarrollo de un país se mide por la tasa anual de crecimiento de su PNB (Producto Nacional Bruto), que es una medición del conjunto de bienes y servicios que el país produjo. La meta es crecer siempre. Sin parar. A la mayor tasa anual posible.
Algunas de las preguntas que surgen:
- ¿Es posible sostener, desde un punto de vista lógico, desde la simple observación de la naturaleza y de todos los fenómenos manifestados que ese “crecimiento permanente” es realmente posible, e incluso deseable?;
- ¿Esa afirmación (de necesidad de “crecimiento permanente”), no será la base ideológica o de justificación intima que lleva a la gente a desear tener cada vez más bienes (o dinero), sin ningún limite conciente, y muchas veces rompiendo el marco de lo ético?
- ¿No estará también allí el justificarse con que “el mundo es así” para conductas de posesión y subyugación, también éticamente discutibles?
Algo no está funcionando.
La Crisis económica actual, nacida de la voracidad de ganancias en el sector financiero de Estados Unidos, combinada con la falta de regulaciones y controles, pareciera ser sólo “la guinda de la torta” de una crisis tremendamente más profunda: el total y absoluto fracaso del sistema económico mundial, llámese como se llame:”neoliberalismo”, “capitalismo popular”, “capitalismo renovado”, etc. Dá igual el nombre, pero no funciona.
Mientras la economía como “ciencia” que sustenta el sistema económico actual, no deje de lado paradigmas absurdos como las del crecimiento permanente, o el dogma que transforma al “libre mercado” en una especie de “becerro de oro” para la asignación de los recursos, y comience en cambio a generar las bases de un “crecimiento sustentable y equilibrado”, un sistema basado en la eficiencia y en la creatividad humana, pero al mismo tiempo en la solidaridad y en la compensación a la humanidad desprotegida, los peligros de destrucción planetaria subsistirán.
Es frecuente que cada uno de los países, a fin de generar algo de justicia social al interior del mismo, por la vía de los impuestos, trata de sustraer a quienes más ganan una parte de lo que han ganado a fin de generar un apoyo a quienes están más desprotegidos en la sociedad. En Chile se le denomina “Impuesto global complementario”, que se aplica a las personas. Sin entrar a discutir respecto del efecto real de su aplicación ni de su eficiencia, surge la pregunta: en una economía mundial diferente, basada en valores de equilibrio, solidaridad y protección ambiental, ¿No debería generarse una instancia mundial que aplique una especie de “impuesto global complementario” a los países más ricos, a fin de trasladar esos recursos a capacitar y generar fuentes de trabajo en los países más pobres?; ¿No debería generarse un macroorganismo mundial, destinado a auditar la situación de los países en diferentes áreas tales como educación, manutención del medio ambiente, e incluso cultura, de manera de incorporar a las mentes más jóvenes el amor por la diversidad y el respeto por el prójimo?
Sin duda un sueño. Pero en lugar de invadir para imponer dominio, ¿no sería mejor invadir para generar bienestar y respeto?. Cuando digo respeto me refiero al ser humano y al planeta.
La generación de un nuevo sistema mundial, aprovechando el desafío de salir airosamente de la actual crisis económica mundial, también puede ayudar a la solución de uno de los más graves problemas del mundo actual, que se nutre de la ignorancia y de la miseria de la gente: el terrorismo. Dentro de este concepto, sin duda uno de los cánceres más graves de la humanidad actual es el nuevo fascismo representado por los grupos de extremistas islámicos, ya que además de ser extremistas actúan a nivel internacional y lo hacen en base a una “inspiración divina”.
¿No debería ser una instancia mundial, basada en valores de respeto y de libertad la que debería intervenir para que en base a un conjunto de medidas, controlar este cáncer, cada vez más peligroso?
¿No será que ese nuevo organismo mundial, por encima de todos los países, debería intervenir para generar las condiciones que mejoren el nivel de vida de aquellos países más afectos a que se formen las bases del extremismo?
¿No será que si se mejora el bienestar de la gente el extremismo islámico tendrá una menor base de sustentación para reclutar acólitos?
Pareciera que cuando la gente comienza a razonar y a expandir su estado de conciencia, empieza a dudar de los sistemas dogmáticos que prometen el paraíso si se eliminan a los “infieles”, o que defienden “la única verdad”, y comienzan a valorar la vida y a abrirse a la diversidad, aprendiendo de esta, y desarrollando el respeto de los demás.
Es decir, una acción mundial concertada a mejorar las condiciones de vida de las grandes masas de personas abandonadas por el “desarrollismo económico actual”, basado en el egoísmo humano, y que a su vez protegiera una vida sustentable sobre la tierra, no sólo compensaría una situación éticamente indefendible como la actual, sino que iría sanando mentalmente al planeta de aquellos grupos y organizaciones que basan su acción en el odio y la destrucción.
¿Sueños? Puede ser. Pero hay que soñar en un mundo mejor y con valores de humanidad, dado que en caso contrario, el futuro del planeta se ve bastante oscuro.

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