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Articulos de NNovik
Se entregan artículos de opinión de temas relacionados con economía y administración, política nacional e internacional, y otros de interés.

Archivo: Junio 2007

27/06/2007 GMT -4

Democracia, Propiedad privada e Información.-

nnovik @ 15:42

Artículo desarrollado a proposición de un amigo.

Se dice que el régimen político “menos malo” es el democrático. Es decir,  gobiernos que representan las mayorías nacionales y cuyos gobernantes son elegidos en base a sufragio universal, junto a la existencia de un conjunto de instituciones que funcionan, cumpliendo de un modo independiente entre sí, las labores de índole legislativa, judicial y ejecutiva de la nación. Pareciera que, por ahora, no se ha descubierto un tipo de gobierno que, a pesar de sus defectos, genere a lo menos, la posibilidad de cambios y permita la alternancia en el caso de que esa sea la voluntad popular. Las alternativas autoritarias, de tipo dictatorial, cualquiera sea su tendencia política, o como las que plantean por ejemplo, los grupos fanáticos del Islam, vinculados a “seres iluminados”, nominados en virtud de regímenes teocráticos, son sin duda bastante peligrosos para el sostenimiento del bienestar de la mayor parte de la gente que conforma una sociedad.

            La cultura denominada “occidental”, que tiene como una de sus prioridades el bienestar cultural, social y económico de sus habitantes, no ha descubierto hasta ahora algo mejor que el régimen democrático para los gobiernos de sus países. Sin embargo, esos regímenes tienen problemas evidentes; uno de ellos es la nula participación cívica por parte del ciudadano común. Normalmente existen partidos políticos, a los cuales pueden acceder los ciudadanos que se sienten mejor interpretados por sus ideologías, inscribiéndose en los mismos y “haciendo carrera” en ellos, pueden lograr “participar” en la política del país. Es decir, la “participación ciudadana” en la mayor parte de las democracias se concibe únicamente a través de partidos políticos, donde se nominan los candidatos para los diversos cargos de representación por los cuales pueden sufragar el resto de los ciudadanos. Para ser candidato a cualquier cargo público, el individuo deberá saber acceder a las “cúpulas de poder” de los mismos. Indudablemente que este tipo de participación deja totalmente de lado la posibilidad de que ciudadanos con inquietudes, con propuestas útiles, pero que no se sienten interpretados por los diversos partidos políticos, puedan ser considerados por el gobierno de turno.

No existe participación ciudadana. En nuestro país, a pesar de que la presidenta en su campaña prometió que su gobierno sería “participativo”, simplemente no se han creado los canales para  su concreción, a pesar de existir la tecnología para ello. No son muchos los ciudadanos realmente “independientes”, en el sentido de no pertenecer a determinada colectividad política, que tengan ideas y deseen colaborar a nivel país. Pero existen. Y no tienen cauce alguno para hacerlo. Ello crea frustración. Especialmente cuando la presidenta lo prometió en su campaña. Los medios tampoco suelen acogerlos a fin de que se puedan expresar.

            Dentro de ese mismo contexto, es importante el tipo de información que le llega al llamado “ciudadano común”, que es  aquel que debe sufragar por alguno de los candidatos que se le presentan. Los medios de prensa sean privados o estatales, sean diarios o revistas, trátese de la TV o de la radio, buscan generar lo que ellos llaman “opinión pública”; muchos de ellos, en algunos casos por temor, o por motivos comerciales, o por influencia de “intereses creados”, o por cualquier motivo, distorsionan la información, o simplemente “informan” de manera sesgada.

Uno de los ejemplos más ilustrativos es la información del conflicto en medio oriente.  En nuestro país, la desinformación o tergiversación de las noticias provenientes de esa zona es impresionante. Como simple muestra: Poco o nada se analiza de lo que ocurre en Palestina; nadie llora por los fallecidos allá esta última semana, como nadie lloró por los que murieron en el campo de refugiados de Nahr al Bared, en el Líbano, hace escasas fechas. Israel no estuvo involucrado en ninguno de los dos conflictos bélicos. Es curioso notar que en ambos conflictos han muerto más palestinos que en la tristemente célebre "matanza de Jenin". Y luego habrá quien en la prensa “progresista” se indigne cuando se les acusa de antisemitismo. El “doble Standard” está claro. Con el  país de los judíos no se les pasa ni una y, cuando no hay nada tangible en su contra, se inventa una masacre. Lo cierto es que los medios han estado relativamente silentes en este conflicto no sólo porque no había manera de echarle la culpa a Israel, sino porque les arruina todo su relato del conflicto. El terrorismo y la violencia palestina “eran culpa de la ocupación”. Sin embargo, Israel evacuó a los últimos colonos de Gaza hace casi dos años, y pese a haber desaparecido la supuesta causa, ahora los palestinos no hacen más que matarse entre sí. Pero las cartas que llegan a los diarios, de lectores interesados en el tema, “arreglan” la noticia de manera de buscar cómo seguir señalando a un solo culpable; por supuesto que este es Israel. Y según me consta en el caso de El Mercurio de Valparaíso, con abierta tendenciosidad no han querido publicar un análisis más amplio que acerque más al lector a objetivar lo que allí acontece, que yo mismo les envié oportunamente.            ¿Porqué ese “doble Standard”?  Podrían haber varias razones, algunas más importantes que otras: a) En Chile, en América y en Europa, la población de orígen árabe es enorme; la judía es ínfima. Ante esa situación, es posible que exista por parte de los medios, temor a expresar lo que allá ocurre realmente, sea por miedo a represalias violentas o bien por motivos comerciales. Decir la verdad no siempre vende, y a veces hasta se corre el peligro de dejar de vender, cuando una parte del público prefiere no tener que conocerla; por otro lado, como la verdad duele muchas veces, la respuesta violenta es una manera de reaccionar  de manera visceral tratando de evitar que se conozca;b)otro motivo podría ser el acentuado prejuicio antijudio (comúnmente denominado “antisemita”), tan característico del mundo occidental durante estos últimos 2000 años, que lleva a tenerle animadversión al estado de Israel, aún cuando este sea el único hogar nacional de los judíos, mientras los islámicos tienen decenas de hogares nacionales; c) la infaltable “vinculación” de Israel con Estados Unidos, que por su poderío y por las enormes estupideces de su política exterior goza de bastante antipatía en el planeta, tratando de presentar a ambos países como si los israelíes fuesen simples “peones” de los yanquis, cosa que está lejísimos de ser efectivo. De hecho, innumerables veces los gobiernos israelíes han actuado en contra de la opinión de los Estados Unidos y han sido autónomos en todas sus decisiones;d) la estupidez de los llamados “izquierdistas”, que por una simple reacción visceral, (también vinculado al tema del odio hacia Estados Unidos), apoyan a países como Irán que tienen regímenes autoritarios, fascistas, con una visión teocrática y no democrática del mundo.            Pueden haber más “razones” para ese tipo de “desinformación” que generan los “medios”, en este caso vinculadas al tema de medio oriente, pero estas son algunas posibles aproximaciones para un debate mas extenso.

            Ahora bien, la propiedad misma de los medios de información tiene importancia en la medida de que esos medios normalmente favorecerán los intereses de sus propietarios. Posiblemente se tergiversará una noticia o simplemente se la ignorará. El caso de “El mercurio de Santiago y de Valparaíso, es  bastante “típico”. De hecho, hasta las cartas al lector son cuidadosamente seleccionadas, de manera de ir generando el efecto buscado. La manera de informar a veces es  “eficazmente disfrazada”, a fin de influir en los lectores. El periodismo nacional, dependiente de los diversos medios de prensa en sus trabajos, alimenta el sensacionalismo, generando un tipo de “información sesgada”, priorizando la violencia, las tragedias y la chismografía. Según  la prensa, incluyendo la TV, promover la cultura, las noticias científicas y tecnológicas, los reportajes de análisis de los sucesos desde diversos ángulos, en fin, todo lo que sea informar, ampliar la conciencia y los criterios de la gente, no vende. Es un mal negocio. Sin duda que se trata de un “círculo vicioso” que no se desea romper.

            Es evidente que el estado podría generar algún tipo de regulaciones que favorezca una menor mediocridad y tendenciosidad por parte de de los medios de prensa. Pero para ello, es necesario tener una “Visión” de país y además un involucramiento responsable no sólo de las más altas autoridades, sino que también de los mandos medios y de todos los que deberían ser “servidores públicos”. Ello desafortunadamente no ocurre. La llamada “cultura chilensis” o “huachaca”, prioriza más el “avivamiento”, la chismografía, el chaqueteo, la mediocridad y por último, la corrupción en sus diversas formas. La falta de una visión de país que permita un cambio con un cierto rumbo determinado, hace que la cultura mediocre, propia de nuestro país se mantenga. Entonces, sucesos como la contaminación del medio ambiente por parte de empresas como Celco, la corrupción del poder judicial, ejemplarizado por las fiscalías corruptas de la sexta región, y otras similares, suelen merecer algún buen reportaje televisivo, para después desaparecer de la noticia. En esos casos se informa “puntualmente” y nunca más se sabe “que pasó después que se informó”. Simplemente nadie sigue pendiente de lo que pasa en cada caso. Es evidente que en el caso de Celco por ejemplo, no hubo fiscalización preventiva. El derrame sucedió a las 5 de la mañana. Era obvio que a esa hora no podía haber un fiscalizador en la planta. Pero también es obvio que existían tuberías que desembocaban en esteros y en el río. Y también es obvio que si existe tratamiento de desechos, es más barato para la empresa el no hacerlo. Pero existen medios para fiscalizar que se haga. El tema es que simplemente no tienen prioridad esos asuntos. No se invierte dinero en ello, teniendo las arcas fiscales plenas, con depósitos en el exterior. Una cosa es ser “prudente en los gastos fiscales”. Otra muy distinta es no cumplir con el deber del estado de precaver los desastres ambientales. Son muy pocas las empresas en Chile que pueden causar ese tipo de desastres. Algunas como ENAP son también del estado. Es cuestión de tener gestión.  Pero el periodismo y los medios no hacen análisis más en profundidad de esos temas. Se informa tangencial y superficialmente. Más enfocados al escándalo que a profundizar el tema a fin de que no pueda volver a suceder. Como si no interesase que vuelva a pasar: es noticia y vende.

Respecto del tema de la locomoción, (transantiago, transvalparaíso),  no existe ninguna información seria respecto a cómo se llegó a aplicar un modelo que sin duda era absolutamente teórico, de oficina, aplicado masiva y totalmente sin siquiera efectuar previamente simulaciones y análisis con los usuarios. Sin siquiera verificar si estaban dadas todas las condiciones del proyecto. En ninguna parte del mundo se aplican modelos teóricos sin tener previamente algunas comprobaciones previas de  las variables y sin efectuar  simulaciones parciales. Eso lo saben todos los ingenieros.

La mediocridad periodística al respecto ha sido tan grande, que sólo se han hecho reportajes a la gente que reclama en los paraderos. Es cuestión de ver la TV. No hay una investigación respecto a qué condujo a ese desastre. Tampoco de parte de las mismas autoridades.

            En síntesis: los medios de comunicación  suelen actuar  sin priorizar el fomento de un equilibrio en la información, buscando una ampliación del estado de conciencia de la gente. Es decir, tratando de ir formando una verdadera “opinión pública”. Tener una “opinión” implica tener información para analizar, poder sacar conclusiones usando el raciocinio y llegar a una visión del tema. Eso no les interesa a los medios. Les interesa hacer negocio, defender los intereses de sus propietarios y de quienes están más vinculados con los mismos. Les interesa “el rating”, en el caso de la TV, para poder vender más publicidad y tener más utilidades, aún cuando se recurra a lo mediocre y al mal gusto. Les interesa no correr riesgos, y prefieren no asumir  la necesidad de informar acerca de los acontecimientos de un modo más equilibrado, optando por “tomar partido”, como sucede, a modo de ejemplo, con las noticias de medio oriente y puntualmente en otras donde les interesa una visión sesgada. Priorizan la comodidad del vender “puntualmente”, en lugar de sostener un periodismo investigativo de mayor permanencia. Tampoco es solución “estatizar” los medios; la corrupción y la tergiversación informativa podrían ser aun peores. La única solución no es “popular”: se trata de un esfuerzo, de mediano y largo alcance, de cambio cultural de acuerdo a una visión de país; poder llegar a uno muy diferente al actual: Por ejemplo, hacer de Chile un país solidario, amante de la diversidad, (es decir, no discriminatorio, ni menos “xenófobo y prejuicioso”), no consumista, no violento. Es una verdadera “reingeniería” respecto de la cultura chilensis. Pero estamos muy lejos de eso. El periodismo, sin duda, forma parte de nuestra cultura. Y la democracia funciona de acuerdo también a la misma cultura. No podemos pedir milagros.

24/06/2007 GMT -4

“Una verdad a medias es una mentira”

nnovik @ 13:52

Artículo publicado en el granvalparaíso.cl

Como "comentario" a un artículo acerca de Palestina, publicado previamente 

 

            Este artículo responde a lo señalado por Javier Sanchez en su artículo: “Palestina: Una verdad a medias es una mentira”. En lo único que concuerdo con su artículo es en el título, que lo hago mío. Pero el contenido de su artículo esta muy lejos de acercarnos a la “verdad”; en todo caso, esta tiene muchas aristas, y pienso que nadie es “dueño” de la misma. Pero nos podemos tratar de acercar un poco. Por lo tanto, trataré de aportar a una visión diferente,  posiblemente más amplia.

El drama palestino y por que no decirlo de casi todo el llamado “mundo árabe”, se puede sintetizar en los siguientes aspectos:

  • La existencia de grupos fanáticos religiosos que desean imponer “su verdad” como “la única verdad”, a sangre y fuego. Por eso, no tienen problema alguno en generar guerras civiles al interior de sus países, ni en matar inocentes en actos terroristas en el resto del mundo.
  • Estos grupos fanáticos tienen muchísimo poder para “imponer” lo que desean al estar apoyados ideológica y financieramente  por gobiernos de países como Siria e Irán, contando con entrenamiento militar y armamento bastante sofisticado. Muchas veces constituyen un estado dentro de un estado, como lo han sido en Líbano y Palestina.
  • Paralelamente, Israel, un minúsculo país con menos del 0.07% del territorio que tienen los países árabes e islámicos, es uno de los pocos países de esa zona del mundo, con un gran desarrollo cultural, científico y tecnológico. Es una democracia representativa con  instituciones que funcionan, donde conviven pacíficamente todo tipo de religiones y cultos. Ello, en medio de regímenes fascistas, autoritarios y corruptos, dueños de gran parte del petróleo mundial, donde, a pesar de sus riquezas, optan por mantener a sus poblaciones en la miseria, el analfabetismo y la ignorancia.
  • Existen decenas de países donde árabes y otras etnias de religión mayoritaria islámica tienen sus hogares nacionales. Existe un solo país donde los judíos tienen un hogar nacional, donde unas 7 millones de personas conviven en un territorio más pequeño que nuestra provincia de Antofagasta- Ese país es Israel. Pero para el integrismo islámico, ese país no merece vivir.
  • Otro aspecto del drama para muchos árabes puede ser la envidia. Si, así de simple. No pueden aceptar que Israel, ese diminuto país, haya entregado grandes aportes a la humanidad, durante sus 60 años de existencia en todos los campos del conocimiento. Con varios Premios Nobeles a su favor. Con universidades del mejor nivel mundial. Con un sistema educacional y de salud democrático, socialmente masivo, igualitario y del mejor nivel. Con una de las mayores tasas mundiales de inversión en investigación per cápita. Sin petróleo. Pero con inteligencia, creatividad, solidaridad y deseos de vivir. ¿Qué han aportado los países musulmanes estos últimos 100 años a la humanidad? Desafortunadamente muy poco en lo constructivo y mucho de destrucción y muerte.
  • Los palestinos en particular, acumulan un drama aún mayor que el resto de los países árabes. Un aspecto importante, además de la corrupción de muchos de sus dirigentes y de la ambición de poder e intransigencia de grupos violentistas religiosa y políticamente fanáticos como el caso de Hamas, que no han dudado en generar una cruel guerra fraticida, está la falta absoluta de solidaridad de sus “hermanos” árabes. Estos, en lugar de otorgarles refugio, los han relegado a inaceptables campamentos en medio de la pobreza, la suciedad y la ignorancia. Los han usado “políticamente” como carne de cañón contra el “enemigo sionista”, alimentando un odio enfermizo hacia los judíos, como si estos fuesen la causa de sus problemas. Israel ha demostrado con creces que como país anhela la paz. Que está dispuesto a ceder parte del territorio conquistado como respuesta a las seis guerras declaradas en su contra, tal como ya lo hizo en forma totalmente voluntaria en Gaza, como muestra de buena voluntad, y con Egipto y Jordania a fin de firmar un tratado de paz. Israel tiene como misión ética colaborar con la humanidad, tecnológica y científicamente, muy especialmente con las naciones mas desposeídas, como ya lo ha estado haciendo con  naciones de Africa. No desea expandirse territorialmente ni seguir ocupando fondos para armamentos. Desea por sobre todas las cosas vivir en paz con sus vecinos. Eso es independiente a los gobiernos que puntualmente ha habido.
  • La razón por la cual Israel ha sobrevivido a siete guerras declaradas por sus vecinos es simple: luchan por su sobre vivencia como nación. Si pierden una guerra no pierden territorio: pierden su país. Los que lo atacan en cambio, luchan por un orgullo estúpido, por un fanatismo nacido de una concepción del mundo y de la vida de tipo excluyente y totalitario. La fuerza de Israel es moral. La fuerza de sus enemigos es el odio. Esa es la diferencia. Y es una parte importante de la “verdad”.
  • Israel está lejos de ser la causa por la que los pueblos árabes, y otros de diversas etnias y de religión musulmana, se maten mutuamente. Es cuestión de historia. Desde que fallece Mahoma comienzan las luchas fraticidas. Y no terminan hasta hoy. La “yihad”, o guerra santa, que aparece en varios sutras del Corán, es interpretada por los fanáticos integristas como una guerra contra todo aquel que se oponga a convertirse al Islam. Los actos terroristas son inspirados en ese tipo de “ideología”. Es la misma que sostienen gobiernos como el de Irán, que ha jurado “borrar del mapa” a Israel. Y aún tiene un asiento en Naciones Unidas. Y es apoyado por los “izquierdistas” de Europa, los “progresistas”, que en su miopía no son capaces de darse cuenta que apoyan a quienes en el futuro no trepidarán en asesinarlos sin asco. Es más fácil culpabilizar de todo a Israel. Eso no tiene nada que ver con lo que Sanchez llama “verdad”
  • Otro drama que forma otra arista de estas “verdades”, es el de los árabes de religión cristiana. Tampoco lo han pasado muy bien al interior de los países árabes gobernados por musulmanes. Por eso, aquellos que residían en Líbano en la anterior guerra civil, están profundamente agradecidos de Israel. Ese fue el único país que intervino para evitar que fuesen masacrados por los fanáticos musulmanes. Muchos de esos árabes cristianos se han trasformado en buenos ciudadanos israelíes. El Talmud de los judíos dice: “Salva una vida y salvarás a la humanidad”. Por eso Israel, como política de estado, por su misma constitución, es un país solidario. Es difícil entender a quienes en Chile descendiendo de árabes cristianos, en lugar de dar su apoyo a la existencia del estado de Israel, y a su coexistencia pacífica con sus vecinos, apoyan a los fanáticos islámicos que sueñan con su destrucción. Supongo que por ignorancia, por prejuicio o por olvido, apoyan a los mismos que fueron quienes persiguieron a sus ancestros, y que al igual que los de Líbano, tuvieron que emigrar buscando mejores horizontes y lugares más seguros para su descendencia.
  • Por eso, el artículo de Javier Sánchez no sólo tiene poco que ver con la “verdad”, sino que tampoco apunta hacia la búsqueda de “soluciones” para este tema. Sostener el odio, la no aceptación de una de las partes en conflicto, no es lo más constructivo. Además de ser inhumano. La “verdad” es mucho más compleja que esta pequeña síntesis. Pero sin duda, junto a la verdad, es necesario descubrir qué queremos y hacia donde apuntamos. Pienso que la  única “solución” al conflicto de palestina no es la desaparición de nadie, sino la aceptación e integración mutuas. Para los palestinos, lo mejor sería un estado Palestino autónomo, reconocido por todas las naciones, integrado en lo económico y viviendo en armonía con Israel. Eso pasa por una solución política. Y eso significa negociar; aprender a ceder. Pero eso también pasa necesariamente por el control político de aquellos grupos palestinos moderados que realmente anhelan el bienestar para su pueblo. Israel está lejos de ser un país “idílico”, cuyos dirigentes no se equivocan: es un país común y silvestre, con sus defectos y virtudes. Pero pretender que un conflicto se soluciona por la vía de la desaparición del otro, como de hecho lo plantea Javier Sanchez en su artículo, no es “solución”. A lo menos no es la más humanitaria ni la más equilibrada para quienes deseamos un mundo con paz, justicia y prosperidad para todos. Sin excepción. Y muy especialmente un mundo donde exista la diversidad y el respeto por la misma. De ese mundo sin duda sólo quedan excluidos quienes no aceptan la diversidad y desean imponer “su verdad” a los demás a sangre y fuego.

06/06/2007 GMT -4

¿Es el calentamiento global el mayor peligro?

nnovik @ 19:14

Mucho se ha escrito acerca del calentamiento global y del peligro que significa para el planeta. Es posible que así sea. Pero, ¿Es el calentamiento global el mayor peligro existente? Me atrevo humildemente a decir que no. Desafortunadamente hay un peligro mayor, del que pocos son concientes; menos aún acá en Chile, donde siempre pensamos que “estamos muy lejos”.

            A mi entender,  el mayor peligro es el fanatismo “político religioso”.- Poca importancia  le da a ello nuestra prensa, salvo situaciones dramáticas que signifiquen cientos de muertos. Y siempre que se produzcan en Estados Unidos o en Europa. Los muertos que estos causan en otras partes, como América,  Asia o  Israel en particular, no cuentan.

            Pocos se dan cuenta de que en los territorios palestinos se están matando entre ellos mismos. Pero cuando Israel reacciona después de que su población indefensa es atacada con cientos de cohetes, se informa  como lo hace El Mercurio de Valparaiso del 25 de mayo, “Israel no cesa ataques”; ¿Quién ataca?; no se menciona que los cohetes han dejado heridos graves, destrucción, niños  aterrorizados bajo tratamiento psicoterapéutico. En Líbano, el gobierno ataca a palestinos armados que allí residen. Mueren centenares de ellos. Pocos saben que tanto las muertes en palestina como en Líbano, causadas por los enfrentamientos armados entre facciones árabes, son muchísimas mas que las causadas por las eventuales represalias israelíes. Cuando Israel  se vio obligado a entrar  a Líbano para  tratar de neutralizar los ataques de Hesbollá a sus poblaciones civiles, Naciones Unidas informó que hubo alrededor de 65 muertes efectivas. Como los Hesbollá no usan uniformes y andan de civil, jamás se supo cuántas de esas muertes eran personas armadas. Las víctimas de estas últimas semanas en Líbano, en los choques entre palestinos residentes y libaneses pasan de 150.-  Los choques en la virtual guerra civil que existe en  los territorios palestinos pasan de 100. Muchísimos más que los acontecidos en los enfrentamientos con los israelíes.

¿A que se debe todo esto? Simplemente al odio que anidan los fanáticos  religiosos del Islam. Los enfrentamientos entre grupos islámicos irreconciliables no tienen nada que ver con la existencia de Israel. Los enfrentamientos entre chiitas y sunitas y otros grupos similares es propio del fanatismo religioso  musulmán. Existen musulmanes místicos, los sufíes: son personas pacíficas y amplias que nada tienen que ver con estos grupos radicales. Pero desafortunadamente no tienen control alguno. La fuerza del fanatismo es enorme.

La situación se agrava más aún, porque Irán, de postura político religiosa recalcitrantemente fanática, posiblemente ya tenga  la bomba atómica. Y no es gente que razone. Son personas que desprecian abiertamente la vida humana. Su fanatismo los lleva a destruir a cualquier inocente que estime su “enemigo” sin importarles el precio. Ya lo han demostrado con creces.

            El peligro del fanatismo político religioso (a veces denominado “terrorismo”), es el actual peligro más grave para la humanidad. No desprecio el peligro del recalentamiento  atmosférico. Si se toman las medidas adecuadas se puede paliar. Además aún hay mucha controversia científica al respecto. ¿Pero quien se atrevería a minimizar el peligro planetario que significan los fanáticos religiosos que no trepidan en asesinar y destruir a quienes estiman sus “enemigos”?

            Es necesario hacer conciencia. No sé si con eso basta, pero hay que empezar por allí. Comenzando por los propios árabes que residen en Chile. Siendo cristianos en su gran mayoría,  por una “simpatía mal entendida”, han tomado partido en contra de Israel, que ha sido el  país que años atrás, en la guerra civil del Líbano,  salvó de una muerte inminente a miles de cristianos, actualmente residentes en el norte de Israel. No se dan cuenta de que, si llegara el momento, esos fanáticos musulmanes a quienes apoyan,  los arrasarían al igual como lo hicieron con los cristianos  en el Líbano y  como lo hicieron con sus familiares muchos años atrás, razón por la cual  muchas de sus familias tuvieron que emigrar de esas tierras. No se olviden de su propia historia.

Apoyar la existencia del  estado de Israel es apoyar el amor por la vida, el respeto, la democracia, la diversidad.  Mientras el israelí anhela con máxima prioridad vivir en paz y desarrollarse junto a sus vecinos, viviendo en un estado de derecho, la mayor parte de los países árabes, dueños del petróleo, sátrapas con gobiernos de corte fascista, lo único que han hecho es someter a sus pueblos a la pobreza y la desesperanza. Mantienen a las grandes mayorías de su pueblo en la miseria y la ignorancia, a fin de utilizarlos como “carne de cañón” contra "el enemigo sionista". Prefieren usar el dinero en armas o en corrupción. Prefieren alimentar el odio culpando a Israel de todos sus males.            Ya es hora de que la población del mundo, incluidos nosotros los chilenos, tengamos claro cual es el problema, y nos aboquemos a generar conciencia al respecto. Quizás el poder de mentes mas esclarecidas pueda ayudar a paliar este peligro que día a día se torna más inminente. 

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