Democracia, Propiedad privada e Información.-
Artículo desarrollado a proposición de un amigo.
Se dice que el régimen político “menos malo” es el democrático. Es decir, gobiernos que representan las mayorías nacionales y cuyos gobernantes son elegidos en base a sufragio universal, junto a la existencia de un conjunto de instituciones que funcionan, cumpliendo de un modo independiente entre sí, las labores de índole legislativa, judicial y ejecutiva de la nación. Pareciera que, por ahora, no se ha descubierto un tipo de gobierno que, a pesar de sus defectos, genere a lo menos, la posibilidad de cambios y permita la alternancia en el caso de que esa sea la voluntad popular. Las alternativas autoritarias, de tipo dictatorial, cualquiera sea su tendencia política, o como las que plantean por ejemplo, los grupos fanáticos del Islam, vinculados a “seres iluminados”, nominados en virtud de regímenes teocráticos, son sin duda bastante peligrosos para el sostenimiento del bienestar de la mayor parte de la gente que conforma una sociedad.
La cultura denominada “occidental”, que tiene como una de sus prioridades el bienestar cultural, social y económico de sus habitantes, no ha descubierto hasta ahora algo mejor que el régimen democrático para los gobiernos de sus países. Sin embargo, esos regímenes tienen problemas evidentes; uno de ellos es la nula participación cívica por parte del ciudadano común. Normalmente existen partidos políticos, a los cuales pueden acceder los ciudadanos que se sienten mejor interpretados por sus ideologías, inscribiéndose en los mismos y “haciendo carrera” en ellos, pueden lograr “participar” en la política del país. Es decir, la “participación ciudadana” en la mayor parte de las democracias se concibe únicamente a través de partidos políticos, donde se nominan los candidatos para los diversos cargos de representación por los cuales pueden sufragar el resto de los ciudadanos. Para ser candidato a cualquier cargo público, el individuo deberá saber acceder a las “cúpulas de poder” de los mismos. Indudablemente que este tipo de participación deja totalmente de lado la posibilidad de que ciudadanos con inquietudes, con propuestas útiles, pero que no se sienten interpretados por los diversos partidos políticos, puedan ser considerados por el gobierno de turno.
No existe participación ciudadana. En nuestro país, a pesar de que la presidenta en su campaña prometió que su gobierno sería “participativo”, simplemente no se han creado los canales para su concreción, a pesar de existir la tecnología para ello. No son muchos los ciudadanos realmente “independientes”, en el sentido de no pertenecer a determinada colectividad política, que tengan ideas y deseen colaborar a nivel país. Pero existen. Y no tienen cauce alguno para hacerlo. Ello crea frustración. Especialmente cuando la presidenta lo prometió en su campaña. Los medios tampoco suelen acogerlos a fin de que se puedan expresar.
Dentro de ese mismo contexto, es importante el tipo de información que le llega al llamado “ciudadano común”, que es aquel que debe sufragar por alguno de los candidatos que se le presentan. Los medios de prensa sean privados o estatales, sean diarios o revistas, trátese de la TV o de la radio, buscan generar lo que ellos llaman “opinión pública”; muchos de ellos, en algunos casos por temor, o por motivos comerciales, o por influencia de “intereses creados”, o por cualquier motivo, distorsionan la información, o simplemente “informan” de manera sesgada.
Uno de los ejemplos más ilustrativos es la información del conflicto en medio oriente. En nuestro país, la desinformación o tergiversación de las noticias provenientes de esa zona es impresionante. Como simple muestra: Poco o nada se analiza de lo que ocurre en Palestina; nadie llora por los fallecidos allá esta última semana, como nadie lloró por los que murieron en el campo de refugiados de Nahr al Bared, en el Líbano, hace escasas fechas. Israel no estuvo involucrado en ninguno de los dos conflictos bélicos. Es curioso notar que en ambos conflictos han muerto más palestinos que en la tristemente célebre "matanza de Jenin". Y luego habrá quien en la prensa “progresista” se indigne cuando se les acusa de antisemitismo. El “doble Standard” está claro. Con el país de los judíos no se les pasa ni una y, cuando no hay nada tangible en su contra, se inventa una masacre. Lo cierto es que los medios han estado relativamente silentes en este conflicto no sólo porque no había manera de echarle la culpa a Israel, sino porque les arruina todo su relato del conflicto. El terrorismo y la violencia palestina “eran culpa de la ocupación”. Sin embargo, Israel evacuó a los últimos colonos de Gaza hace casi dos años, y pese a haber desaparecido la supuesta causa, ahora los palestinos no hacen más que matarse entre sí. Pero las cartas que llegan a los diarios, de lectores interesados en el tema, “arreglan” la noticia de manera de buscar cómo seguir señalando a un solo culpable; por supuesto que este es Israel. Y según me consta en el caso de El Mercurio de Valparaíso, con abierta tendenciosidad no han querido publicar un análisis más amplio que acerque más al lector a objetivar lo que allí acontece, que yo mismo les envié oportunamente. ¿Porqué ese “doble Standard”? Podrían haber varias razones, algunas más importantes que otras: a) En Chile, en América y en Europa, la población de orígen árabe es enorme; la judía es ínfima. Ante esa situación, es posible que exista por parte de los medios, temor a expresar lo que allá ocurre realmente, sea por miedo a represalias violentas o bien por motivos comerciales. Decir la verdad no siempre vende, y a veces hasta se corre el peligro de dejar de vender, cuando una parte del público prefiere no tener que conocerla; por otro lado, como la verdad duele muchas veces, la respuesta violenta es una manera de reaccionar de manera visceral tratando de evitar que se conozca;b)otro motivo podría ser el acentuado prejuicio antijudio (comúnmente denominado “antisemita”), tan característico del mundo occidental durante estos últimos 2000 años, que lleva a tenerle animadversión al estado de Israel, aún cuando este sea el único hogar nacional de los judíos, mientras los islámicos tienen decenas de hogares nacionales; c) la infaltable “vinculación” de Israel con Estados Unidos, que por su poderío y por las enormes estupideces de su política exterior goza de bastante antipatía en el planeta, tratando de presentar a ambos países como si los israelíes fuesen simples “peones” de los yanquis, cosa que está lejísimos de ser efectivo. De hecho, innumerables veces los gobiernos israelíes han actuado en contra de la opinión de los Estados Unidos y han sido autónomos en todas sus decisiones;d) la estupidez de los llamados “izquierdistas”, que por una simple reacción visceral, (también vinculado al tema del odio hacia Estados Unidos), apoyan a países como Irán que tienen regímenes autoritarios, fascistas, con una visión teocrática y no democrática del mundo. Pueden haber más “razones” para ese tipo de “desinformación” que generan los “medios”, en este caso vinculadas al tema de medio oriente, pero estas son algunas posibles aproximaciones para un debate mas extenso.
Ahora bien, la propiedad misma de los medios de información tiene importancia en la medida de que esos medios normalmente favorecerán los intereses de sus propietarios. Posiblemente se tergiversará una noticia o simplemente se la ignorará. El caso de “El mercurio de Santiago y de Valparaíso, es bastante “típico”. De hecho, hasta las cartas al lector son cuidadosamente seleccionadas, de manera de ir generando el efecto buscado. La manera de informar a veces es “eficazmente disfrazada”, a fin de influir en los lectores. El periodismo nacional, dependiente de los diversos medios de prensa en sus trabajos, alimenta el sensacionalismo, generando un tipo de “información sesgada”, priorizando la violencia, las tragedias y la chismografía. Según la prensa, incluyendo la TV, promover la cultura, las noticias científicas y tecnológicas, los reportajes de análisis de los sucesos desde diversos ángulos, en fin, todo lo que sea informar, ampliar la conciencia y los criterios de la gente, no vende. Es un mal negocio. Sin duda que se trata de un “círculo vicioso” que no se desea romper.
Es evidente que el estado podría generar algún tipo de regulaciones que favorezca una menor mediocridad y tendenciosidad por parte de de los medios de prensa. Pero para ello, es necesario tener una “Visión” de país y además un involucramiento responsable no sólo de las más altas autoridades, sino que también de los mandos medios y de todos los que deberían ser “servidores públicos”. Ello desafortunadamente no ocurre. La llamada “cultura chilensis” o “huachaca”, prioriza más el “avivamiento”, la chismografía, el chaqueteo, la mediocridad y por último, la corrupción en sus diversas formas. La falta de una visión de país que permita un cambio con un cierto rumbo determinado, hace que la cultura mediocre, propia de nuestro país se mantenga. Entonces, sucesos como la contaminación del medio ambiente por parte de empresas como Celco, la corrupción del poder judicial, ejemplarizado por las fiscalías corruptas de la sexta región, y otras similares, suelen merecer algún buen reportaje televisivo, para después desaparecer de la noticia. En esos casos se informa “puntualmente” y nunca más se sabe “que pasó después que se informó”. Simplemente nadie sigue pendiente de lo que pasa en cada caso. Es evidente que en el caso de Celco por ejemplo, no hubo fiscalización preventiva. El derrame sucedió a las 5 de la mañana. Era obvio que a esa hora no podía haber un fiscalizador en la planta. Pero también es obvio que existían tuberías que desembocaban en esteros y en el río. Y también es obvio que si existe tratamiento de desechos, es más barato para la empresa el no hacerlo. Pero existen medios para fiscalizar que se haga. El tema es que simplemente no tienen prioridad esos asuntos. No se invierte dinero en ello, teniendo las arcas fiscales plenas, con depósitos en el exterior. Una cosa es ser “prudente en los gastos fiscales”. Otra muy distinta es no cumplir con el deber del estado de precaver los desastres ambientales. Son muy pocas las empresas en Chile que pueden causar ese tipo de desastres. Algunas como ENAP son también del estado. Es cuestión de tener gestión. Pero el periodismo y los medios no hacen análisis más en profundidad de esos temas. Se informa tangencial y superficialmente. Más enfocados al escándalo que a profundizar el tema a fin de que no pueda volver a suceder. Como si no interesase que vuelva a pasar: es noticia y vende.
Respecto del tema de la locomoción, (transantiago, transvalparaíso), no existe ninguna información seria respecto a cómo se llegó a aplicar un modelo que sin duda era absolutamente teórico, de oficina, aplicado masiva y totalmente sin siquiera efectuar previamente simulaciones y análisis con los usuarios. Sin siquiera verificar si estaban dadas todas las condiciones del proyecto. En ninguna parte del mundo se aplican modelos teóricos sin tener previamente algunas comprobaciones previas de las variables y sin efectuar simulaciones parciales. Eso lo saben todos los ingenieros.
La mediocridad periodística al respecto ha sido tan grande, que sólo se han hecho reportajes a la gente que reclama en los paraderos. Es cuestión de ver la TV. No hay una investigación respecto a qué condujo a ese desastre. Tampoco de parte de las mismas autoridades.
En síntesis: los medios de comunicación suelen actuar sin priorizar el fomento de un equilibrio en la información, buscando una ampliación del estado de conciencia de la gente. Es decir, tratando de ir formando una verdadera “opinión pública”. Tener una “opinión” implica tener información para analizar, poder sacar conclusiones usando el raciocinio y llegar a una visión del tema. Eso no les interesa a los medios. Les interesa hacer negocio, defender los intereses de sus propietarios y de quienes están más vinculados con los mismos. Les interesa “el rating”, en el caso de la TV, para poder vender más publicidad y tener más utilidades, aún cuando se recurra a lo mediocre y al mal gusto. Les interesa no correr riesgos, y prefieren no asumir la necesidad de informar acerca de los acontecimientos de un modo más equilibrado, optando por “tomar partido”, como sucede, a modo de ejemplo, con las noticias de medio oriente y puntualmente en otras donde les interesa una visión sesgada. Priorizan la comodidad del vender “puntualmente”, en lugar de sostener un periodismo investigativo de mayor permanencia. Tampoco es solución “estatizar” los medios; la corrupción y la tergiversación informativa podrían ser aun peores. La única solución no es “popular”: se trata de un esfuerzo, de mediano y largo alcance, de cambio cultural de acuerdo a una visión de país; poder llegar a uno muy diferente al actual: Por ejemplo, hacer de Chile un país solidario, amante de la diversidad, (es decir, no discriminatorio, ni menos “xenófobo y prejuicioso”), no consumista, no violento. Es una verdadera “reingeniería” respecto de la cultura chilensis. Pero estamos muy lejos de eso. El periodismo, sin duda, forma parte de nuestra cultura. Y la democracia funciona de acuerdo también a la misma cultura. No podemos pedir milagros.

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